Cervecerías en Pamplona: El Café de Pablo

El Café de Pablo: el lugar donde hubiese querido ir Picasso

El Casco Antiguo de Pamplona es un hervidero de locales gastronómicos. Con una personalidad propia, las numerosas posibilidades que ofrece se encuentran lejos de restaurantes con decenas de mesas o las franquicias de grandes extensiones. Son, sin duda, uno de los mayores exponentes de la ciudad, que mejor reflejan el carácter familiar de ésta. Un gran representante de este tipo de locales es El Café de Pablo, ubicado en la calle Compañía, con una terraza que da a la plaza del mismo nombre.

Este bar, que cuenta con apenas una decena de mesas, llama la atención por su decoración, en la que se hace un guiño a Picasso, con una importante muestra de fotografías y de réplicas de sus obras. Y también con su carta que, aunque no muy extensa, cuenta con una buena variedad de platos caseros.

En nuestro caso, pedimos como entrantes una ración de bravas y otra de nachos. Ambas, de excelente calidad, destacando las patatas naturales, tiernas por dentro y crujientes por fuera, acompañadas por unas salsas de ketchup y alioli caseras. Especialmente agradecido es que las patatas estuviesen mezcladas por esas salsas, y no tan solo puestas por encima. En el caso de los totopos, con queso, pimientos, jalapeño y boloñesa de carne en la base, quizá les faltaba un poco de guacamole para redondear su buena nota.

Como principales, probamos el bocadillo Gernika, con secreto ibérico confitado, salsa de queso de cabra con toques de membrillo y tomates y pimientos asados. A pesar de no presentar la carne como creíamos, estando ésta deshilachada, de sabor estaba increíble y, de esta manera, es también mucho más fácil de comer y no se hace tanta bola en boca.

En cuanto a las hamburguesas, escogimos la Picasso, con queso de cabra, lechuga, tomate asado, nachos, pepinillo, huevo cansado y una salsa suave de mostaza; y la París, con foie, jamón ibérico y salsa de queso. La carne, de buey del Valle de Esla, era de gran calidad, aunque quizá un poco demasiado hecha para poder apreciarla en su conjunto. En cuanto a los acompañamientos, en la primera destaca el gran trozo de rulo de queso, que la hacia complicada de comer, pero la mezcolanza de sabores compensaba todo lo demás. En la segunda, aunque más simple, la pieza de hígado de pato combinaba perfectamente con el jamón y la salsa de queso, estableciéndose en una de las mejores opciones de este bar, a donde estamos convencidos de que hubiese querido ir Picasso.

Comida

8

Local

7

Servicio

8

Precio

8

el café de pablo

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