Asiáticos en Pamplona: Imperial

Imperial: un viaje a la Asia más majestuosa

Pamplona Gastronómica vuelve en este año 2020 con pilar cargadas, ilusiones renovadas y nuevos descubrimientos. En este reestreno decidimos viajar hasta Asia sin salir de Pamplona al restaurante Imperial. Así volvemos a recordar nuestra primera entrada, en la que hablamos de Tsukiya Ramen, un local de cuya carta nos tuvimos que despedir a finales del año pasado por un cambio en la gerencia. Pero, con la pena de este adiós, volvemos al mundo oriental.

Las ofertas de este continente en nuestra ciudad siguen existiendo y algunas de gran nivel, como en este local ubicado en el barrio de Iturrama, y que ya desde la entrada hace honor a su nombre con una gran puerta que se abre al verte. En el interior, dos amplios comedores atentamente decorados, haciendo honor a la sencillez y la delicadeza asiáticas, de las que se continúan haciendo gala en la preparación de la mesa y en la carta, hacia donde se llega pasando por una cocina vista que hace intuir que en este lugar no hay nada que esconder.

Precisamente esa cocina vista nos dio la confianza suficiente de pedirle al servicio que nos recomendase sus mejores platos. Nos apetecía probar un poco de todo: sushi, fideos, pescado, carne, postres… así que nos sumergimos en sus dos largas ofertas (china y japonesa) para decidirnos por los ocho platos que se muestran en la galería y que terminaron conformando nuestra cena.

Sin duda los platos más destacados fueron los de pescado, en lo que se podía apreciar la gran calidad del producto, tal y como nos había recomendado el servicio. Un buen y variado sushi de 12 piezas y una ración de tataki que, aunque parece escasa, tenía una mezcla de sabores digna de algunos de los mejores restaurantes. Destacables fueron también unas crujientes y bien rellenadas gyozas así como unos deliciosos udon con lomo alto de vaca.

Quizá la peor nota se la llevaron las carnes, con un pollo de caserío con teriyaki que tenía mucho sabor pero cuyas setas de acompañamiento eran una bomba de agua y un pato también con buen nivel pero algo complicado de comer por su gran número de huesos pequeños que lo hacían bastante incómodo.

La sorpresa de la noche resultaron ser los postres. Primero, con unas trufas japonesas cuya irregular presentación no hacía que entrasen demasiado por los ojos pero que cuyo sabor nos conquistó. Y después con un mango con aceite de oliva que resultó ser una sorprendente y deliciosa mezcla entre lo dulce y lo ácido. Un colofón final que demostró la majestuosidad de la Asia Imperial.

Comida

8

Local

9

Servicio

9

Precio

7

Imperial

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