Restaurantes fusión en Pamplona: Qwerty

Qwerty: Gastronomía de alto volumen

Conocimos el restaurante Qwerty a través del programa Juego de Cartas de ETB. En él, quedaron en segunda posición en una ajustada clasificación junto con otros restaurantes fusión que iremos visitando más adelante. A pesar de no ganar la competición entre los cuatro establecimientos hosteleros, hubo algo que me atrajo de este local ubicado en la calle Mercaderes, por el que había pasado muchas veces por delante pero nunca parado a tomar algo.

Del Qwerty nos cautivó su cocina vista, por la que pasas cuando entras a un comedor precioso de paredes de piedra que forman un aljibe que data del año 1505, y también su variada y atractiva oferta gastronómica. Además, había que comprobar si el competitivo precio de sus menús (15 euros la comida entre semana, 22 la de fin de semana y 25 las cenas de viernes y sábado) podía competir en calidad con los de sus vecinos, bastante más caros.

El preludio a una cena de fin de semana fue en un ‘juevintxo’. La oferta para este día, en el que decenas de bares de Pamplona ofrecen una bebida y un pintxo (muchos reciclando lo que ha sobrado durante la semana y otros pocos con una verdadera propuesta casera) por apenas dos euros, es muy interesante. En el Qwerty solo hay una opción, de la que hacen alrededor de doscientas unidades. A priori, el costo más elevado (cuesta 2,50) y que solo haya un plato para elegir puede descartar este bar para la noche de los jueves, pero os invito a probarlo. Aquel día la preparación era una empanada de pollo riquísima que todavía recuerdo.

Tras esa primera toma de contacto con este restaurante, regresamos a probar el menú fin de semana. Fue complicado elegir entre la media docena de opciones para el primer y el segundo plato. Finalmente, nos decantamos por un carpaccio de buey, un risotto de hongos y setas, unos chipirones a la plancha y secreto ibérico con cuscús. Y para terminar, un postre cerrado: miniaturas de brownie y tiramisú y chupito de sorbete de mojito.

Lo que fue una deliciosa cena en el plato (todo estaba muy rico, siendo especialmente recomendables el risotto y unos chipirones muy bien sazonados con diferentes salsas) terminó siendo algo molesta por el alto volumen de la música que había en el bar. Cabe recordar que el Qwerty es también un bar de copas, por lo que si tienes la mala suerte de tener que comer en una de las primeras mesas del comedor (como nos pasó) hay que aprender a soportarlo.

No obstante, no soy muy tiquismiquis con estas cosas, por lo que esta ‘anécdota’ no empaña una gran cena en un sitio al que vale la pena volver, aunque si quieres algo más íntimo será mejor ir a comer. Sobre todo porque se trata de un restaurante que va cambiando el menú según las épocas del año, algo muy interesante que le hace tener un valor añadido respecto a otros.

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