Restaurantes tradicionales en Pamplona Sidrería Auzmendi

Auzmendi: sidrería apresurada

Las sidrerías pamplonesas son una oferta destacada para las reuniones de amigos o de familia. Con oferta durante todo el año, no hay que esperar a la temporada tradicional de los establecimientos del norte de Navarra y de Gipuzkoa, que se celebra entre enero y abril. Con ganas de sidra y de una buena carne, visitamos Auzmendi, ubicada en el barrio de la Rochapea, a pocos pasos del centro de la capital navarra.

Por su cercanía al casco antiguo de la ciudad, esta tradicional sidrería se llena cada fin de semana de gente que busca comenzar jornada festiva que se alarga hasta que el cuerpo aguante o, simplemente, disfrutar de una chuleta maridada con el caldo fermentado de manzana, una dupla tan consolidada como el pañuelo y la faja rojas de San Fermín.

Cuatro grandes kupelas —dos de cada tipo de sidra— dan la bienvenida a un amplio local lleno de castizas mesas de madera. El trasiego de camareros sirviendo y de clientes yendo a rellenar su vaso es continuo, lo que crea un ambiente especial. En cuanto a la oferta gastronómica, dos menús aparte de la carta: el de sidrería y el Auzmendi. En el primero, los entrantes constan de una tortilla de bacalao y un bacalao de la casa, seguido por chuleta o lubina a la parrilla y postre. En la segunda variante, la que escogimos, los primeros cambian a chorizos a la sidra y ensalada con bacon, queso y nueces.

Nada más decir al camarero nuestra opción, los chorizos a la sidra se sumaron a saludarnos. Al tratarse de menús cerrados, entendemos que la agilidad al servir es mucho más rápida que en listas más abiertas, pero lo apresurado del servicio resultó incomodo. Casi ni siquiera dejaban terminar un entrante y otro ya estaba en la mesa, hasta tal punto que tuvimos que bajar nuestro ritmo de comer para poder ralentizar la comida.

Al igual que destacamos en la entrada sobre La Hacienda no nos gusta destacar los aspectos negativos, pero el tempo de un restaurante también es importante, y tan malo es un servicio lento como uno muy rápido. Y, en Auzmendi, tan solo pasaron 50 minutos desde el primer entrante hasta el postre, convirtiéndose los camareros en una locomotora de platos.

En lo referente a la comida, dos justos entrantes —cuatro chorizos desolados en un plato blanco, dos por persona, y una abundante ensalada con una salsa blanca como aliño bastante insípida— precedieron a una carne que subió, y mucho, el nivel del convite. Con un punto perfecto, de sabor estaba espectacular, y con un buen tamaño a repartir entre dos personas.

Mención aparte merecen los postres, todos ellos caseros y de un nivel excelente. La tarta de queso, sorpresiva y originalmente desestructurada, es una de las mejores que hemos probado, al igual que una dulce y suave torrija caramelizada. El suflé de chocolate, una bomba para los más golosos bien compensada por el helado de vainilla que le acompaña. Tras la rápida tormenta llegó la calma con la cuenta, apenas una hora después de sentarnos. Al menos nos dejaron quedarnos después en esta apresurada sidrería.

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