Davalerio: el arte de la pizza en horno de leña

Davalerio

Hay veces que no hace falta complicarse demasiado para disfrutar de una buena comida. A veces basta con una mesa, un horno de leña y una masa bien trabajada. Y eso es exactamente lo que ocurre en Davalerio, una pizzería ubicada en Barañáin que demuestra que, dentro del amplio universo de las pizzerías en Pamplona, todavía hay margen para sorprender cuando se hacen bien las cosas.

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Porque si algo llama la atención nada más cruzar la puerta de Davalerio, no es la decoración, ni la carta, ni siquiera el ambiente. Es su horno de leña. Imposible no fijarse. Está ahí, visible, como epicentro del local, como recordatorio constante de que todo lo importante va a pasar dentro de él. Y es que aquí la magia no está escondida: se cocina a la vista.

El espacio es sencillo, sin artificios, con ese aire de sitio que sabe cuál es su propuesta y no necesita adornarla más de la cuenta. Todo gira en torno al producto y al oficio. Al pizzero. Al fuego. Y eso, en un momento donde muchas propuestas buscan destacar por lo visual o lo conceptual, se agradece.

Nos sentamos con la idea clara: pizza. Pero antes, decidimos abrir boca con uno de sus entrantes. Y fue un acierto. La cazuela de provolone con tomate seco, rúcula y orégano llegó a la mesa directamente desde el horno, burbujeante, casi hirviendo, acompañada de unos triángulos de masa de pizza perfectos para mojar. De esos platos que sabes que queman, pero aun así no puedes esperar. Queso fundido, sabor intenso, el toque del tomate seco y el frescor de la rúcula. Un inicio sencillo, pero muy bien resuelto.

Después llegó el turno de lo importante. Las pizzas.

La primera que probamos fue la cuatro formaggi, una opción que nunca falla para quienes disfrutan del queso. Mozzarella, queso de cabra, gorgonzola y parmesano en una combinación potente, cremosa y con personalidad. De esas pizzas que llenan, que tienen carácter y que dejan ese regusto final que invita a seguir comiendo aunque ya no tengas hambre.

La masa, fina pero con estructura, ligeramente crujiente en los bordes y con ese punto de horno de leña que marca la diferencia. Porque sí, hay muchas pizzas, pero no todas saben igual cuando pasan por un horno como este.

La segunda elección fue la Burina, una pizza mucho más completa y contundente. Tomate, mozzarella, champiñones, salchicha fresca, jamón de york y huevo. Una combinación que puede sonar clásica, pero que aquí funciona especialmente bien. Ingredientes bien integrados, equilibrio entre sabores y una base que aguanta perfectamente el conjunto sin perder protagonismo.

Es una de esas pizzas que no buscan sorprender con combinaciones extrañas, sino convencer desde lo reconocible. Y lo consigue.

A medida que avanzaba la cena, la sensación era clara: Davalerio no pretende reinventar la pizza. No necesita hacerlo. Su propuesta se basa en respetar el producto, trabajar bien la masa y confiar en el horno de leña como herramienta principal. Y cuando esas tres cosas funcionan, el resultado es más que suficiente.

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